Yo, pecadora

Se fueron mis vecinos,
“los de enfrente”,
¿ateos,
o “de religión desconocida”?
no sé,
pero tampoco me importa,
llegaron hace poco.
Me odian,
creyéndome “santona”,
y no saben,
cómo soy de pecadora,
tampoco les importa
ni un comino,
y no hay por qué.
Me aborrecen ,
porque rezo con el radio,
lo supe de buena fuente,
como si el radio
no fuera también
el rezo de cualquiera.
Y no es que haya subido
decibeles,
es que tienen buen oído.
Se fueron con sus chunches
y sus bártulos,
se llevaron sus maletas
y su rabia.
Pero ojo,
no fue por culpa mía
que partieron,
sino por el aumento
de la renta,
lo supe sin querer.
Hoy lavo mis trastos
nuevamente,
tranquila,
como siempre,
e igual, con ellos
que sin ellos.
Vuelvo a poner el radio
en la estación que reza.
Medito,
mientras los veo por la ventana,
partir con sus maletas,
y le pido a Dios por ellos,
que me los lleve muy,
pero muy lejos,
bien, pero bien larguito,
lo más lejitos posible,
y que los lleve con bien.
No entiendo todavía,
por qué los enojó
mi rezo con el radio
y menos
por qué enojaron tanto.
Todavía no sé si son ateos,
o de religión desconocida,
y nunca lo sabré,
pues no me importa.
Ellos tampoco saben,
que soy muy pecadora,
y nunca lo sabrán,
qué les importa.
Adiós, mis vecinitos,
lo bueno es que se van,
y en todo caso,
que Dios los acompañe.
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