Ya no tengo enemigos

Ya no tengo enemigos,
lancé al mar el baúl
de los malos recuerdos.
Ahora pienso en mis aves
con plumajes de gala
o en mis gatos de seda
con su pelo erizado
y con unos ojazos
que parecen de tigre.
Ya no tengo enemigos,
o quizá no los veo.
Me apantallan las rosas
y las copas de vino,
y los libros de cuentos
despertando a los niños,
y las grandes cortezas
de los árboles viejos,
o quizá aquellos labios
que por siempre recuerdo.
No están mis enemigos,
se los llevó el destino
y el vendaval adusto
de mi canción de olvido
o tal vez mis palabras
con lágrimas y cantos,
y la furia del mar
con notas musicales.
Se fueron todos, todos,
me vieron extasiada
hablando con fantasmas,
me adivinaron muda
olvidadiza y sorda.
Algunos de mil rostros,
con ojos desvelados,
otros, creo que existieron
espiando mis temores.
Pero todos se fueron
y yo quedé tranquila
hundida en mis poemas.
Se fueron sobre sus pasos
se alejaron para siempre
me encontraron arropada,
por una y por mil palabras
bailando a mi alrededor.