A través de la niebla
y de la noche
veo unos ojos
que miran con ternura,
unos ojos
que navegan muchas vidas,
y que están a un mismo tiempo
en la penumbra,
en el aire,
en el viento
y la poesía.
Unos ojos
que son como esa miel
conservada mil años
para un beso.
Vislumbraron
por la magia de un instante,
que son parte
de un todo de ternura
e hicieron emanar
del alma entera,
la emoción y el suspiro
de contento.
Son ojos y corazón
a un mismo ritmo
cuando el alma se funde
con su fuego
y sale a través de ellos
gota a gota
impregnándose
en los poros
de un ensueño.
Unos ojos
que son indefinibles,
ya que sólo existieron
un momento,
pero siguen viviendo
en el prodigio
de soñar
con el vuelo de los tiempos.
Unos ojos
que son más que unos ojos,
hablan sobre la esencia
de una vida
brotando a través de ellos
como lágrimas,
el amor,
la ternura, y la caricia.
Unos ojos
que al mirar
hacia la noche
fueron cristal
de magia inconcebible
que amaron las
estrellas y sus guiños
emulando
los poliedros del deseo.
Unos ojos
como un juego de espejos,
efluvios de pasión
y de armonía,
están aunque no estén
en cualquier parte,
pues siguen existiendo
en lo que vieron.