Soledad eterna, escalofriante,
verdadera.
Un día, alguien me hizo olvidar
que estaba sola
y lloré en el hombro
de mi momentánea compañía,
como el mendigo
se aferra a su bastón
y prosigue su destino.
Caminé bajo la lluvia
y ésta no me mojaba
y el frío no me hacía temblar.
Pero hoy que las lágrimas
me pesan en los párpados,
hoy que envidio al cielo
porque logra desahogar su angustia,
hoy que la lluvia sí me moja
y siento frío,
me he vuelto a sentir
completamente sola.