Las gotas de agua
volvían cada invierno
a mis mejillas,
y dolían al congelarse.
Me sentí tan cobarde
y tan valiente,
que soñé con morir
y levantarme,
cuando era más estéril el sendero.
¡Si hubiera tenido palabras para hablarte!
Las gotas de agua
volvían cada invierno
a mis mejillas,
y dolían al congelarse.
Me sentí tan cobarde
y tan valiente,
que soñé con morir
y levantarme,
cuando era más estéril el sendero.
¡Si hubiera tenido palabras para hablarte!