A Michael Jackson (In Memoriam)
Perlas y plumas rojas
sobre fondo negro,
equilibrio altisonante
que se inclina hasta el suelo,
sostenido
como los dioses griegos
por los dedos de sus pies,
o las alas de sus botas.
Largo y flaco bailarín,
magia de sensaciones,
y de colores primarios.
No tienen fuerza
las paredes
del túnel de hierro
ante su ser etéreo,
que traspasa
la angosta puerta
de la muerte.
Largo, flaco y con bombín.
Negro,
como sus corbatas
y sus corbatines,
negro,
como las noches etéreas
que lo vieron
dando vueltas
por los aires.
Fuerte,
como la centrífuga
de una batidora,
convertida en antorcha
de fuegos fatuos,
fuerte,
como la angustia
que supone existir.
Blanco,
como su guante
de perlas,
blanco,
como la cinta
que rodea su bombín.
Vestido de oro
y de plata,
abrigado con la capa
en piel de armiño,
y la corona única
del rey del pop.
Largo y flaco bailarín
que como la vara
de un ciego,
gira por los aires,
y puede caer a tierra
o hundirse entre los mares,
saliendo de nuevo,
para luego brillar
como una medusa
con su traje de gala,
blanco,
blanco y muy perlado.
Resorte mucho más ágil
que el fluido eléctrico
que lleva dentro,
y que lo vio nacer.
sobre fondo negro,
equilibrio altisonante
que se inclina hasta el suelo,
sostenido
como los dioses griegos
por los dedos de sus pies,
o las alas de sus botas.
Largo y flaco bailarín,
magia de sensaciones,
y de colores primarios.
No tienen fuerza
las paredes
del túnel de hierro
ante su ser etéreo,
que traspasa
la angosta puerta
de la muerte.
Largo, flaco y con bombín.
Negro,
como sus corbatas
y sus corbatines,
negro,
como las noches etéreas
que lo vieron
dando vueltas
por los aires.
Fuerte,
como la centrífuga
de una batidora,
convertida en antorcha
de fuegos fatuos,
fuerte,
como la angustia
que supone existir.
Blanco,
como su guante
de perlas,
blanco,
como la cinta
que rodea su bombín.
Vestido de oro
y de plata,
abrigado con la capa
en piel de armiño,
y la corona única
del rey del pop.
Largo y flaco bailarín
que como la vara
de un ciego,
gira por los aires,
y puede caer a tierra
o hundirse entre los mares,
saliendo de nuevo,
para luego brillar
como una medusa
con su traje de gala,
blanco,
blanco y muy perlado.
Resorte mucho más ágil
que el fluido eléctrico
que lleva dentro,
y que lo vio nacer.
