El cristal se rompió ante el estallido
de aquellos goterones que en invierno
golpearon sin piedad los ventanales
de la mentira hermosa y soñolienta.
Aquel amor perdido en la penumbra
supo fundir entrañas que sangraron
y la piel, que el aire tiempo despejaba
antes de hacerse piedra, renació.
Tus manos corrieron igual sobre mi vientre
que juegan los luceros en el cielo,
jamás te inmutes si tus ojos miro
con el llanto corriendo como un niño,
es como el agua que cambia, siempre cambia
o como el fuego que explota al despertar,
si me despojo aquí y allá de tu presencia,
te vuelves sombra de mi propio ser.