Amanecí con ganas
de pintar el cielo
con los ojos
y de hacer un arco iris.
Me paso la mano por la frente,
me rasco la cabeza,
y me miro en el espejo.
Soñé que comía
melcochas de coco,
y de menta,
de esas
de varios colores,
qué sé yo, sí,
las de aquella
lejana en el tiempo
pulpería esquinera,
que desde hace ya
muchísimos años
dejó de existir.
Se encienden mis antojos
de aquellas increíbles
melcochas infantiles.
Quizá hasta pueda hacerlas,
es cuestión de buscar las recetas.
La inquietud prende la compu
y amelcocha el internet.
Entonces me doy tiempo:
desayuno, me baño
y tomo un taxi,
tan cacharpeado y feo
como su despeinado chofer,
pero todo forma parte
de mi deliciosa
y soñolienta
aventura hacia el pasado.
Dicen que la caridad
empieza en casa,
yo no creo que sea malo
llevarla de paseo por ahí,
sí por el Mercado Central,
y es mejor de una vez,
por la mañana.
Tapa de dulce, jengibre,
agua limón y fuego.
Y para efectos de colores,
papel celofán rojo,
azul, y anaranjado.
Más bien salieron cajetas,
dulzuras
envueltas en sueños.
¡Qué sabroso fue comerlas!
delicioso disfrutarlas,
y compartir con los otros,
la niña que llevo dentro.