Pasado inexistente

No puedo darte el pasado
entraña mía,
porque jamás lo tuve
y aún se me escapa.
Forjé el dios de cera,
de escombros,
de estiércol
y jamás quiso hablar de lejanías
de llagas ni de piedras,
sólo hundía sus dedos como dardos
en las montañas rígidas,
dolientes,
para luego consumirse en las cavernas
del placer oscuro de la fiebre.
No hablaré del pasado
que no existe,
sólo queda una lágrima,
capaz de bañar todas las rabias
que se agolpan aún en ambas sienes.
El aullido bestial conserva el eco,
matando cualquier germen,
cualquier vientre.