No vayas a pensar
que estoy llorando,
no vayas a creer
que te hice un verso.
No, no soy poeta,
tampoco he plasmado
en papel
mi desencanto,
ni abofeteo tu rostro con el alma,
no creas nada de eso.
Sí, el papel está arrugado,
están turbias las palabras
y se mueven lentamente
unas sobre otras,
¿sabes?, ¡ya están viejas!
Sí, la hoja está mojada,
muy mojada,
pero no creas
que son lágrimas,
es que ella está sudando,
debe tener calor,
o estar enferma,
¡bueno!,
quizá sangra su herida,
no la mía,
no te imagines
que corren por mi rostro
muchas lágrimas,
¡ni vayas a pensar que soy poeta!