Mi querido viajero

Te dije una vez, caminante de la vida
que fueras dichoso en tu agonía,
te pedí ser feliz en el castillo hermoso
o en la cabaña oscura,
cuando tus pies resecos
fueran despedazados por las piedras,
o tus manos quemadas por la brasa.
Una vez te lo pedí, viajero del destino,
te lo imploré, transeúnte de la vida.
Te pedí ser feliz con el dinero,
pero también sin él,
celebrar tu hermosura,
o tu fealdad,
con la misma alegría.
¿Lo recuerdas?
Te lo pedí, inquilino de la vida.
¡Pero se llora tanto, mi querido viajero!
Te imploré ser tan dichoso
estando enfermo, como sano,
¿te acuerdas?
¡Te pedí demasiado!,
te rogué ser feliz en los rincones
más oscuros y lúgubres del mundo,
y también en lugares hermosos,
disfrutar cuando niño,
y también siendo anciano.
¡Pero se sufre tanto, mi querido viajero!
Hoy no te pido nada,
pues yo también camino.