Jadeante
contra el viento,
está el tiempo guarnecido,
en la hora cero
de la melancolía.
Ya pasaron las hadas
por la cuenca del verso
y no hay un solo duende
dormido en un suspiro.
Jadeante
contra el viento,
está el tiempo guarnecido,
en la hora cero
de la melancolía.
Ya pasaron las hadas
por la cuenca del verso
y no hay un solo duende
dormido en un suspiro.