Los magos más extraños,
nos llamamos poetas
convertimos en verso
un dolor en el alma
y también transformamos
un canto en una flor.
De los charcos de lágrimas
logramos sacar ojos,
quizá somos tan sabios
como locos ilusos:
nos gusta mirar peces
en sus giros plateados
y a veces convertimos
las lunas en jabón.
Nos despedimos del mundo
por momentos
y aterrizamos
en cualquier lugar.
Hacemos varas mágicas
de frases,
moldeamos las palabras
en el fuego
en esa ceremonia
de velar las espadas,
que luego transformamos
en aspas de papel.
A veces nos ponemos
muy formales
y en tal concentración
espiritual
que somos
como santos extasiados
o demonios
a punto de volar.
Parecemos tan locos
y tan sabios
que somos capaces
de inventar
que tenemos
ganado el paraíso
con sólo la palabra
y nada más.