Vivíamos
entre viejos calendarios,
muriendo al mismo ritmo.
Nos miramos tan de frente
que adheridas las pupilas,
uno de los dos era persona
y el otro era el espejo
conjugando la risa
con el llanto.
Vivíamos
entre viejos calendarios,
muriendo al mismo ritmo.
Nos miramos tan de frente
que adheridas las pupilas,
uno de los dos era persona
y el otro era el espejo
conjugando la risa
con el llanto.