La ciudad
se tornó azul
a medianoche,
los techos traquearon
congelados y ondulantes
ante aquella felina serenata
que saltó de un golpe
lanzando sensuales maullidos.
Abajo
reposa el cementerio de latas
a las que de atún,
sólo les quedó…
bueno, quizá la etiqueta.