Envidia

Enfoca a su rival
Poniendo el ojo
en la mirilla,
en el arco, en la piedra
o al final de las puertas
y ventanas.
La culebra
saca sus colmillos,
muerde su espesa saliva
y su propia tragedia,
dando un solo paso atrás.
Sus lágrimas ya secas,
la siguen recorriendo
sin tiempo y sin espacio.
Puede ser la flecha,
el engaño, o el veneno,
quien se robe
las notas musicales.
Siempre salen serpientes,
en el camino
como entresijos
de sobrevivencia.