He querido vivir
como una alondra
hechizada en el aire
y quizá no he podido,
pero tengo una gaviota
entre las manos
que viene y va a los ríos
allá por los senderos,
mansión de la esperanza.
Se levanta
de entre la agonía
para cantar un himno
y decir que puede
limpiar el polvo
de la lontananza.
Es prodigioso
el cántico del día,
mi pentagrama
son cinco cabellos
estirados al cielo,
y sus notas
funden las tristezas
en moldes de rubí.
Las hormigas
son como estrellas rubias
besando la esperanza
de llevar una flor
entre los labios
y un beso en cada poro.
El viento
agita el primer verso
formando un caracol
y un mundo mágico.
En forma sigilosa
elevo un guiño al cielo
por el río que formó
en mis pechos.