No miento cuando digo
que conozco el infierno:
su textura grotesca
de colores muy fuertes
que agonizan y mueren
o revientan altivos
entre los fuegos fatuos
de mi angustia letal.
Recodos de conciencia
entre rojos y azules
con ribetes dorados
que no tienen salida.
Yo no soy como Cristo
resurrecto en tres días
por exilios Divinos
de la vida y la muerte.
Yo soy como aquel Dante
que bajó a los infiernos
viviendo su Comedia
entre luces y sombras
de oros encarnizados
por fuerzas aturdidas.
Yo vivo sollozando
entre orificios hechos
de carbones candentes
y demonios internos.