No me mires, reloj
no me molestes,
tú bien sabes que yo no te comprendo,
no sé por qué
te empeñas en decirme
que de una hora más
se compone mi vida.
Cada minuto es una inmensa madre
con sus sesenta niños implorando,
cada tic tac
resuena en mis oídos
recordando el momento en que nací,
pues desde entonces
transitas a mi lado
a veces sin sentirlo,
o bien, acuchillando.
No me sentencies, reloj,
que no te miro
y no me recrimines,
que ya no puedo más.
¿Por qué te empeñas, iluso,
en recordarme
que pasó el tiempo aquel
de mi niñez?
¿Porqué disfrutas en decirme
a cada instante
que alguna vez murió mi juventud?
No me molestes, que yo no te molesto,
a esta agobiante carrera de la vida,
la hace más difícil
tu cruel intervención.
Yo gozaré viéndote carcomido
con las agujas rotas
de la pared caído,
con el vidrio hecho trizas
y el péndulo herrumbrado,
entonces ni una palabra
tendré de compasión.