(En el nacimiento de la nieta
de mi hermana María Lorena)
Las estrellas de tono escarlata
y una lluvia total de abalorios
inundaron de fe mi existencia.
Entoné mis plegarias al alba
cuando el día tomaba su canto
para irme a la banca de un parque
con el fin de abrazar primaveras.
Ahí estaban el oso peluche
y la más primorosa muñeca,
pajaritos cantando ilusiones
y las flores de tono arco iris.
La niñita del traje rosado
dormitaba en su coche de mimbre
arrullada por los querubines
y mil coros cantándole al cielo.
Cuando el cierzo entonaba su canto
y la brisa inundó los jardines
un arcángel rogaba silencio
con un dedo rozando sus labios.
Serafines surcaron los cielos
con sus trajes color de rocío
en la tarde de tierno fulgor.
Sólo un arpa reposa en el parque
porque un ángel quedó entre nosotros
es la niña en su coche de mimbre
Catalina es su nombre de pila.