Un viejo aposento
es la fiel guarida
donde ya dormita
la fiera en olvido.
Buhardilla lejana
de sótanos viejos,
teléfono mudo
y mil telarañas.
Recorro de nuevo
la melancolía
donde un piano muere
de intoxicación.
Acarician todo
las viejas cortinas,
la fuerza del aire
libera los muebles,
la madera estoica
vuelve a sonreír
y un bombillo anciano
alumbra de nuevo
poniéndose loco
de su juventud.
Mis dedos profanos
sacuden las teclas
como la promesa
de una redención
y el animal viejo
se arrulla y agacha
a nuevas caricias
que inundan el aire.
El viento nocturno
es único aliado,
del brillo ya opaco
por viejos pesares
y el rojo caoba
es el fiel reflejo
de sangre que fluye
con fuerza de tren.