Las agujas de un reloj
apuntan al campanario
de una iglesia iluminada
por los faros de su parque,
las horas pasan con calma
y se angustian o sonríen
cuando la tarde dibuja
oscuras siluetas nuevas,
de mil árboles lejanos
y pájaros siempre jóvenes
que raudos surcan el cielo
arrullados por las nubes.
Cada día es un milagro
que muere con el tiempo
y con el tiempo nace
nuevamente.