Tango arrabalero

Para:
Carlos Gardel
(In memoriam)

Ahí está para deleitarnos,
para alegrarnos la vida,
para consolar nuestras penas,
y para seguir viviendo.
Se oía primero en las victrolas,
en la radio, y en los tocadiscos,
luego vinieron los casettes,
diskettes, discos duros y compactos,
pero siempre suena igual de nostálgico.
Alguien dijo una vez:
qué rico el mambo
y yo le agrego ahora:
qué rico el tango,
con su colorido,
con su aroma,
con su olor, y su sabor.
Es como un café de medianoche,
con toda la sensual brutalidad
de un bandoneón,
al compás del llanto de Gardel.
El tango está lleno
de plumas de colores,
de sombreros de pita
o de fieltro,
de lunares artificiales
en la mejilla,
de cintas hechas
con papeles coloridos
arrollados a la cintura,
con todo el respeto que se merece
este señor de sombrero.
Como todos los mal paridos,
se abrió camino solito,
primero,
se bailaba entre varones,
hombre a hombre,
hombro a hombro.
Después,
se mezcló con las mujeres,
y entonces sí,
¡dénmele campito
a este compita!
porque viene pegando duro,
pegando fuerte.
Comenzó
a entrepiernarse,
y a follar a media luz,
o a luz completa
donde sólo bastaban
las notas musicales.
El tango es música y baile,
a través del humo
y la elegancia,
es olor a cigarrillo,
combinado
con perfume de arrabal.
El tango
es sexo
alegre y compartido,
sin visos de maldad,
es una lección
de armonía y pintura,
y un culto a la nostalgia.
La mano del hombre
sobre la cintura de la mujer,
y la entrepierna femenina
sobre el muslo masculino.
La poesía de
un tango endemoniado,
hace que ardan
con más intensidad
los colores de las luces,
se prendan
muchos cigarrillos,
se llenen los vasos
de whisky,
de vodka o de cerveza
y como decían nuestros abuelos,
que siga el vacilón,
que no se quede nadie
sentado en un rincón.
Fue parido en ambientes clandestinos,
pero de él
hoy nadie se afrenta,
pues se reconcilió
con la vida.
Se exhibe
en las mejores
y más lujosas salas,
con mucho desenfado,
casi con desparpajo.
Baile misterioso,
nocturno,
rodeado de claveles
y de labios rojos,
o de ojeras añejas,
desteñidas,
y de lunares pintados,
pero todo se vale,
lo demás
lo hace
la luz artificial
de las paredes.
Venido
de otras épocas,
ha sido revivido,
soñado,
querido y bailado,
con el sombrero inclinado
a media frente,
con el calor de un beso
entrecortado por el humo,
es el tango arrabalero,
un presente
de Argentina para el mundo,
único, solito, inigualable y eterno.
tango