Ángel y demonio

Este duende mío
sale por las noches
me besa, me eleva,
no peso, no siento.
Esta mano mía
siempre tan presente
lo mira, lo toca
haciéndolo añicos.
Brinca por el aire
vestido de verde
la mano en la boca
sostiene entre risas
dejando que escape
un cascabel rojo.
No quiero pensar
que de mí se burla
parece un infante
brincando en las teclas,
tal vez un mosquito
con pintura fresca,
o un ángel demonio
subiendo escaleras.
Ya lo atraparé
para enviarlo lejos,
al baúl perdido
de los sueños muertos.
No quiero que llegue
como un inquilino
al refugio tibio
de mis pensamientos,
que son terciopelo
de un oro carmín.
No puedo ignorarlo,
está en ambas partes
e inspira mis versos
de odio y de amor.
duende